Miguel en la escuela
Miguel Los Santos Uhide
Cosas mías
Contacto: uhide@live.com
Vaya al Contenido

Coros

Escritos sobre música > INTÉRPRETES GRUPALES

Ciudad Laboral don Bosco de Rentería: Una escolanía desconocida
Por Miguel Los Santos Uhide





Catedral de Santiago de Compostela, puerta a la plaza del Obradoiro. En el centro de la fotografía, don Luis Romero y don Juan Bosco Cuadrado


   Cedo a la tentación de reivindicar un pequeño recuerdo hacia una escolanía que incentivó la afición musical de bastantes alumnos de la Ciudad Laboral Don Bosco durante la primera década de los sesenta.
   Además, me permite rendir un merecido homenaje a su director y, a la vez, explayarme en unos recuerdos que, por la distancia en el tiempo, sólo pueden ser agradables.
   Cuando se inauguró la Ciudad Laboral Don Bosco, en 1960, estaban sin concluir algunas edificaciones; provisionalmente, para las proyecciones de cine que se daban los domingos por la tarde se utilizaba un dormitorio de internos mientras se concluían las obras del teatro.


Coro de la catedral de Santiago de Compostela.

   Antes de comenzar el segundo año del colegio se estrenó el amplio teatro.
   El Orfeón Infantil Mexicano hizo una gira en otoño de 1960 por España y, con motivo de sus actuaciones en San Sebastián, se alojaron en Don Bosco. Mi padre me llevó a un concierto que dicho El Orfeón Infantil Mexicano hizo una gira en otoño de 1960 por España y, con motivo de sus actuaciones en San Sebastián, se alojaron en Don Bosco. Mi padre me llevó a un concierto que dicho Orfeón dio en el recién estrenado teatro, como agradecimiento por la hospitalidad recibida; lo que sabía al salir de dicho concierto era que, si pudiese, me encantaría formar parte de un coro.



Escalinata de acceso a la Basílica de Loyola   

Inicié mis estudios en Don Bosco en el curso 1961/1962 y una de las asignaturas (aunque no puntuaba) era solfeo, aunque con muy poco aprovechamiento por mi parte y por la generalidad de los alumnos.
   Por otra parte, se estaba formando una escolanía gracias a la determinación de don Juan Bosco Cuadrado Sánchez, salesiano salmantino de prestigio en la Comunidad y que contaba con la colaboración de don Luis Romero Escamendi, antiguo corista del Coro Easo y que dirigía la Coral Pasaitarra, además de haber sido su fundador. Esta Coral estaba integrada por voces masculinas, muchas de ellas pertenecientes, también, al Coro Easo.
   Pasaron por las aulas para hacer una prueba de voz y, a los seleccionados, nos hicieron una prueba de mayor enjundia (a mí me hicieron cantar, variando la tonalidad, la frase inicial de la canción “Bautista Basterretxe”). En la formación que impartía don Luis Romero se exigía cantar con emisión franca natural y desprovista de afectación; así fue que, al poco tiempo, la Escolanía tenía una sonoridad de la que guardo un especial recuerdo por los pocos casos en que he encontrado esa línea vocal posteriormente. En 1962 solicitaron su asistencia para solemnizar unos actos de los salesianos en Salamanca.
   En el mes de julio de 1963, asistió al IX Congreso Internacional de “Pueri Cantores” en Madrid. Nos alojamos en el Colegio de Huérfanos de Ferroviarios, en La Dehesa de la Villa. Cantamos en la Plaza Mayor y en el Palacio de los Deportes bajo la dirección del padre Prieto.
   Para unos niños de familia humilde, y más en aquella época, un viaje a Madrid era más que viajar hoy día a las antípodas. Si a esto sumamos viajar a El Escorial y al Valle de los Caídos, donde cantamos sendas misas solemnes y de hacer una excursión a Toledo, con visita a la casa del Greco, Santo Tomé, catedral y sinagogas no cabía nada más grande en
el mundo.
   Durante las sucesivas Navidades, participamos en alguna edición del Concurso Provincial de Villancicos que tenía lugar en el Frontón Beotibar de Tolosa, una actuación en Burdeos y en un festival de villancicos que se celebraba en un Salón de Congresos inmenso que estaba en el Ministerio de Información y Turismo en Madrid; aprovechando este evento en Madrid, actuamos también en Guadalajara.
   De aquellos viajes, guardo con especial nostalgia la lentitud del desplazamiento por aquellas vetustas carreteras que permitía disfrutar de los paisajes, con sus pueblos, las curvas de las carreteras, etc. Basta para entenderlo el hecho de que, para hacer un viaje a Santiago de Compostela, salimos del colegio a primera hora, comimos en Santander, dormimos en Oviedo y el segundo día, salimos de Oviedo, comimos en Navia y llegamos al atardecer a La Coruña. El tercer día llegamos ¡por fin! a Santiago.


Durante una actuación

   En este viaje cantamos en la catedral, viendo, desde su coro, funcionar el botafumeiro. Dimos, también, dos conciertos en lo que había sido una capilla, junto a unas salas de exposiciones, en el Hostal de Los Reyes Católicos. Por motivos que desconozco, no se había anunciado ninguno de estos dos conciertos así que comenzamos a cantar con la capilla absolutamente vacía; al poco tiempo, el recinto estaba lleno con las personas que se encontraban en las salas próximas. Para el segundo concierto ya asistió hasta una emisora de
radio.
   Las actuaciones de la Escolanía fueron numerosas pero, de todas ellas, guardo un especial recuerdo de haber cantado varias veces en la Basílica de Santa María de San Sebastián, con acompañamiento de don José de Olaizola; también recuerdo de manera especial una actuación en el teatro Victoria Eugenia a la que asistió quien, a la sazón, era obispo de la diócesis, don Lorenzo Bereciartua; nos invitó al Seminario, entonces tan concurrido y, a la salida de esta actuación, nos regaló a cada niño un ejemplar de los Evangelios con una dedicatoria.
   Al año siguiente al de mi entrada al colegio, desapareció la asignatura de solfeo durante la cual los coristas asistíamos al ensayo. Para poder ensayar, uníamos el tiempo del recreo de la tarde con la media hora siguiente que se dedicaba a actos religiosos como Vía Crucis, rosario, etc. Por motivos que desconozco, cambiaron la misa obligatoria de la primera hora de la mañana a esta media hora tras el recreo de la tarde.
   Como la asistencia a la misa era obligatoria, para poder ensayar, se exigió que los coristas asistiésemos a la una del mediodía a una misa especialmente oficiada para nosotros; esto suponía una dificultad insalvable para poder ir a casa, comer y volver a las tres a clase.
   Durante el curso 1965/1966, ante la intransigencia de la dirección del colegio, la escolanía se disolvió.



En Madrid haciendo tiempo para ir a cantar

   Un amigo, Jesús Mª Arbelaiz, me habló de que en la recién inaugurada parroquia de Nª. Sra. de Fátima había un fraile que quería formar un coro para solemnizar las misas de los domingos; acompañé al amigo pero no me libré de hacer las pruebas que José Luis Ansorena me exigió. Por cierto, en esta ocasión fue cantar la primera frase del “Tomad Virgen pura” en varios tonos; haciendo de la necesidad virtud, nos admitió a los dos y pasamos a formar parte del entonces llamado Coro Parroquial Nuestra Señora de Fátima, posteriormente Coral Andra Mari. En un principio ensayábamos junto a la puerta de entrada al sótano y que daba acceso a lo que había sido capilla provisional (lo que posteriormente pasó a ser Gaztedi y Eresbil). Como la iglesia ya había sido inaugurada, se comenzaron a demoler las obras provisionales del sótano, por lo que pasamos a ensayar en el viejo convento, sobre lo que actualmente es Super Amara.
   Una vez habilitada una sala en el sótano, el coro se trasladó a la misma y allí vimos formar parte de él a unos cuantos compañeros de Don Bosco. Otros coristas pasaron a formar parte de otras entidades corales (Lartaun, etc.) y unos cuantos formaron el grupo musical Oskarbi bajo el liderazgo de don Luis Romero.
   Se habló mucho entre nosotros sobre la posibilidad de que el problema fuese el que cantábamos mucho en euskera; no lo veo probable ya que, tras la disolución, don Luis Romero, a petición de muchos alumnos, estuvo enseñando canciones populares vascas en unas clases abiertas a todo el alumnado y los salesianos no pusieron ningún obstáculo en facilitar el local.
   Lamentablemente, no conozco grabaciones de aquel coro y, tras la salida de los salesianos y modificación de los edificios, se hizo imposible recuperar cualquier vestigio de su actividad.
Regreso al contenido