Miguel en la escuela
Miguel Los Santos Uhide
Cosas mías
Contacto: uhide@live.com
Vaya al Contenido

Iparraguirre, José Mª. (bardo)

Escritos sobre música > TEMAS GENERALES > Iparraguirre, José María (bardo)



IPARRAGUIRRE
Y
EL ÁRBOL DE GUERNICA

BIBLIOTECA BASCONGADA DE FERMÍN HERRÁN
TOMO II
B I L B A O
___________________________
Imprenta de la BIBLIOTECA BASCONGADA
Müller y Zavaleta, Gran Vía 24
1896


    El más popular de los bardos euskaros, el insigne cantor del Guernikaco- Arbola, ha pasado a mejor vida.
    El día 6 del corriente mes dejó de existir, víctima de una doble afección pulmonar, en el caserío Sosabarro, jurisdicción de Gaviria, situado sobre la carretera general, a tres cuartos de hora próximamente de Villarreal de Urrechu, su pueblo natal.
   Después de haber recorrido el mundo entero, llevando por todas partes el eco de los cantos euskaros y
popularizando muchas de sus composiciones originales, ha venido, al fin, a dejar sus huesos en la tierra amada,
en el país que supo electrizar con su inspiración, y que le contaba en el número de sus hijos más queridos.
   Se han cumplido sus deseos; sus huesos reposan en el sitio que designó para su tumba en una de las últimas y más sentidas composiciones que escribió en América poco antes de su regreso a la Euskal-erría:

«Jaunari eskatzen diyot
Graziya emateko
Lur chit maite orretan
Biziya utzitzeko,»

(Pido a Dios me conceda la gracia de terminar mi vida en esa tierra muy amada.)

    Y, muy en breve, un modesto mausoleo indicará al viajero el lugar sagrado donde reposan sus cenizas.
    He aquí su artículo biográfico, que escribimos a su regreso a España, y con el que abrimos en 1877 las primeras páginas de nuestro Cancionero Basco, tal cual apareció en la expresada fecha:
    «Entre los bardos populares de la Euskal-erría, no hay uno que lo sea más, ni que haya adquirido más renombre dentro y fuera del país, que el insigne Iparraguirre.
    «Poeta y músico a la vez, lleno de juventud y de vida, dotado de una arrogante figura, robusta y flexible voz, y excelentes disposiciones de artista, con una pobre guitarra por única compañera de sus alegrías y fatigas, (guitarra sardio bat det), —Con este título escribió Iparraguirre su primera composición— recorrió durante sus mocedades, a semejanza de los trovadores de otros tiempos, gran parte de España y de Europa, electrizando a sus paisanos, que reían o lloraban al par de la guitarra de Iparraguirre, con los populares cantos que salían de sus labios, llamando la la atención y la admiración de los extraños en suelo extranjero, y dando a conocer y popularizando en Francia, Italia, Alemania e Inglaterra, muchas de sus composiciones, y de las originales canciones vascongadas.
    «La vida del insigne bardo ha sido bastante borrascosa y accidentada. Cuando no contaba aún más de doce a trece años, salió de su pueblo natal, Villarreal de Urrechu (Guipúzcoa), y fue enviado a estudiar gramática latina en Vitoria. Al año siguiente (1833) pasó a Madrid, donde cursó algunos meses en el Real de San Isidro, y habiendo sobrevenido poco después la muerte de Fernando VII y la guerra de los siete años, Iparraguirre tomó las de Villadiego, llegó como Dios quiso a las montañas euskaras, y «sin más opinión que el amor a mis paisanos», —según manifiesta en una reciente carta— sentó plaza de voluntario en las filas absolutistas, y entró a formar parte más tarde de la guardia de honor de D. Carlos, en la que continuó hasta que terminó con el abrazo de Vergara aquella infausta lucha de hermanos.
    «Conseguida la paz, Iparraguirre, como otros muchos de los que pelearon bajo la bandera del Pretendiente, marchó emigrado a Francia, sirvió allí algún tiempo, aprovechando esta ocasión para estudiar la lengua francesa y cultivar su literatura, leyendo las obras de Lamartine, Chateaubriand, Lammenais y otros ilustres escritores, y, llevado de su afán de ver tierras, recorrió las principales ciudades de la antigua Galia, atravesó los Alpes, visitó la Italia, cuyo idioma le es también familiar, la Suiza, la Alemania y la Inglaterra, haciendo en todo este tiempo y en tan diversos países la vida del errante artista.
    El año 1851 concurrió a la Exposición universal de Londres, formando parte de una compañía lírica bolonesa o florentina, y al año siguiente, después de trece de emigración, durante la cual, el amor a mi país—dice—me hacía soliloquear en nuestra noeniana lengua euskara,» regresó a España, visitó a Madrid, en cuya capital compuso y se oyó por vez primera, el año 1853, el popular Guernikaco-Arbola, uno de sus más entusiastas cantos, y recorrió antes y después los pueblos del país vascongado, acompañado de su inseparable
guitarra, cantando en los teatros, improvisando en las plazas y romerías, y conmoviendo y entusiasmando en todas partes al público que le escuchaba, hasta el punto de llegar a convertirse en un verdadero ídolo, que acabó por ser desterrado del territorio vascongado, de orden superior, el año 1855, por considerarse peligrosa su permanencia en él.
    «El bardo vasco es artista de corazón, y sus producciones se distinguen, no sólo por su entrañable amor al país, que caracteriza a todos los poetas euskaros, sino también por su varonil acento, por la energía de la frase, por la grandeza del pensamiento.
    «Muchas son sus composiciones, cuyo número sigue aumentando de día en día el entusiasta vate, que conserva aún, a pesar de sus años, toda la frescura y entusiasmo de su juvenil corazón; pero entre todas ellas sobresalen, indudablemente, por su mérito literario, la poesía Nere Maitiarentzat, con la cual inauguramos la colección de nuestro Cancionero; el levantado canto al añoso roble, que simboliza las seculares libertades del solar euskaro, y su tierno y sentido Adiyo Euskal-Erriarí, compuesto en los momentos en que iba a abandonar la España, para marchar a las apartadas regiones de América, a donde le llevaron en 1857 o 1858, después de haber recorrido durante su destierro las Asturias, Galicia, Portugal y la Andalucía, soñadas ilusiones y halagadoras promesas.
   «Sobre veinte años ha permanecido en el nuevo continente el insigne bardo euskaro, que casó hace diez y ocho años en la ciudad de Buenos Aires, con una guipuzcoana natural de Alegría, y ha alcanzado, como fruto de su matrimonio, dos hijos varones y seis hembras, todos los cuales viven, constituyendo la familia del anciano vate.
    «En este tiempo, Iparraguirre ha sufrido no pocos reveses, y después de largos años de trabajos y fatigas? que ha pasado suspirando por su amado país, soñando con sus nativas montañas, hace pocos días acaba de volver a pisar la tierra euskara, gracias a fondos que le han sido generosamente facilitados, por medio de una suscripción abierta en su favor por la colonia bascongada de la República Argentina.
    «Iparraguirre ha conseguido al fin el soñado ideal de muchos años, el regreso a la patria, pero ha vuelto a ella pobre como marchó, y con veinte años más sobre sus hombros. ¡Triste destino que la Providencia parece reservar a todos los hombres de genio y de corazón, para hacer así, sin duda, más grande su nombre, más simpática su adversa suerte!
    «Iparraguirre cuenta hoy cincuenta y ocho años escasos, y aunque los trabajos y las penalidades han conseguido doblar algún tanto aquel cuerpo entero y esbelto, señalando en su rostro las huellas de la ancianidad, conserva todavía joven y alegre su corazón, vivo el entusiasmo a su país y a su patria, que lejos de amenguarse ha crecido, con el tiempo y la distancia, tan fogosa como hace veinte años su brillante imaginación, y le acompaña todavía su inseparable guitarra, testigo de mejores tiempos y compañera de sus triunfos.
    «El famoso bardo posee bien las lenguas castellana, francesa e italiana, cuyas literaturas conoce bastante, y sigue cultivando con el amor y el entusiasmo de siempre su nativo idioma.
    «Su figura es verdaderamente bíblica, su voz se ha cascado algo con los años, pero ni el tiempo ni las tristes realidades de la vida han podido secar su corazón, que conserva toda la lozanía de la juventud, ni agriar su constante buen humor y su agradable carácter.
    «Bajo la corteza de un anciano, conserva el candor y la ingenuidad de un niño, junto con la experiencia de una larga y agitada vida, y no es fácil a veces adivinar al verlo, si ríe cuando llora, o llora cuando ríe.
    Su ideal hoy es traer a su lado su numerosa familia, de la que le separa la dilatada extensión de los mares, y a la que ha abandonado por un momento, por el ansia de volver a ver este país, para él tan querido, y encontrar en él una modesta colocación con la que poder pasar el resto de sus días entre estas hermosas montañas, a cuyo abrigo vio la luz primera, y en las que pasó los risueños días de su infancia.
    «¡Bien venido seas, Iparraguirre!
    «Que la Providencia, siempre bondadosa, colme tus deseos y tus esperanzas, te depare una tranquila vejez en torno de tu esposa y de tus hijos y al dulce calor de las nativas montañas, que tantas veces inspiraron tu acento y que tu último canto, al espirar el postrer suspiro, sea el tierno y sentido adiós a la noble tierra euskara, y un cariñoso recuerdo a sus venerandas tradiciones.

_______________________________________________

    Nuestros votos sólo se han cumplido en parte. El pobre Iparraguirre ha muerto lejos de su familia, sin conseguir volver a abrazar a la compañera de su vida, sin poder recibir las caricias de sus hijos, solo y triste en un humilde caserío.
    En medio de la pobreza en que ha pasado los últimos años de su existencia, atenido a la modestísima pensión que le señalaron las Diputaciones de las tres provincias hermanas, y a los generosos donativos que de cuando en cuando le enviaban nuestros paisanos del Río de la Plata, el popular bardo ha legado todavía algunos ahorros a su familia, a la que dedicó su último recuerdo antes de morir, y después de recibir los Santos Sacramentos, realizando en su favor sus disposiciones testamentarias.
    Su muerte ha producido general sentimiento en el país euskaro, y su nombre vivirá eternamente en la memoria y en el corazón de los bascongados, asociado al culto del árbol de nuestras libertades, que supo cantar con valiente inspiración.
    He aquí, ahora, los términos en que la Diputación provincial de Guipúzcoa hizo constar en acta de la sesión celebrada el día 9 del corriente mes su sentimiento por la muerte de Iparraguirre:

    «Asociándose la Diputación al sentimiento legítimo y unánime que ha causado en el país el fallecimiento del excelente vascongado y popular bardo D. José María de Iparraguirre, acuerda se haga constar en acta que se ha enterado de esta irreparable pérdida con el más profundo pesar, y encarga a la Comisión provincial que, para honrar y perpetuarla memoria del insigne cantor de las libertades euskaras, mande colocar en el lugar sagrado en que descansan sus preciados restos mortales un modesto recuerdo que perpetúe sus virtudes cívicas, como débil recompensa a sus incesantes trabajos de propaganda de la música y poesía vascongadas y en testimonio del gran cariño y merecida estimación que siempre le dispensó el país.»

JOSÉ MANTEROLA.






===============================================

Biblioteca Bascongada
TOMO, DOS PESETAS
Esta obra llegará a formar la historia foral, literaria, artística, industrial y comercial de las cuatro provincias basco-navarras.
_________________________________________
Puntos de suscripción y de venta, en las principales librerías, y en Bilbao en la
ADMINISTRACIÓN, GRANVIA , 24.

Se imprimió en julio de 1896





Regreso al contenido