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Albéniz (Sobre vitorianismo de Isaac Albéniz)

Música y músicos > Intérpretes

 
Sobre el vitorianismo del músico Albéniz.
por Ángel de Apraiz.

 

 

Isaac Albéniz en la época de tu plenitud, hacia 1890.

 
         Ha habido recientemente en Vitoria alguna conferencia y otras manifestaciones en memoria del insigne músico Isaac Albéniz, ensalzándole con la misma competencia y justicia que si se hubiera tratado de Mozart o de Chopin, pero sin que sepamos se recordase para nada ni en las disertaciones ni en la prensa, lo que Albéniz tenía de vitoriano.
         En esto del vitorianismo, como en todas las cosas del mundo, caben diferencias de graduación y concentración. Es indudable que unos vitorianos lo son más que otros, según sean su familia, nacimiento, residencia y sobre todo su disposición anímica y afección vitorianas. Y no vamos a pretender ni aún los que más tengamos de esto último, que sea el vitorianismo una cualidad humana superior a las demás; pero sí que hay algo en ella de específico y que, en cuanto nos toca, imprime en nosotros algún carácter, que hemos de tratar de revelar en honor del pueblo al que se debe.
         Pues bien, Albéniz tenía bastante de vitoriano, aunque hoy parezca esto olvidado por casi todos. Su padre D. Ángel Albéniz y Gauna, con estos dos apellidos alaveses inconfundibles, empezó a escribir en 1855 un poema, Glorias Babazorras que terminó y publicó en 1890 en una tercera edición que salió entonces de las prensas vitorianas de Galo Barrutia. Era un poema en tres cantos sobre la Batalla de Vitoria, escrito en octavas reales bien medidas y aconsonantadas, aunque con valor poético menor del que el poema, (que el autor firmaba preferentemente con su apodo vitoriano de Peruchico). tiene como archivo de esos apodos en la primera mitad del siglo XIX y las personas a quienes correspondían; de lo cual y de la relación vitoriana de Isaac Albéniz, escribió ya mi hermano Odon de Apraiz desde París en la Revista «Hermes» de marzo de 1922, y Tomás Alfaro en su «Vida de la ciudad de Vitoria», y yo mismo en el epílogo que hice a ese libro, con datos que ahora quiero ampliar y precisar. Porque en números sueltos de «El Anunciador Vitoriano» de 1880 y en otros documentos de nuestra casa y de fuera de ella, encuentro noticias hoy desconocidas e interesantes desde un punto de vista vitoriano y para la genealogía y biografía de Isaac Albéniz.
         Así la primera la que daba aquel periódico en su número de 1º de mayo de dicho ano de 1880, refiriéndose a un concierto por Isaac Albéniz el día anterior «en el Gabinete de Lectura (Casino)». Esta más antigua entidad, desde aquel año mismo se establecía en la casa de Postas 18 hoy del Círculo Vitoriano, el cual era entonces otra sociedad diferente; y acerca de ambas, que acabaron por refundirse, desearía poder consignar en algún número de VIDA VASCA la historia clara, con detalles aún hoy visibles, que me sugieren viejos amigos. El periódico habla en esa referencia del «joven D. Isaac Albéniz, primer premio del conservatorio de Bruselas, e hijo de nuestro paisano el tan renombrada Peruchico, cuyo ingenio y chispeantes ocurrencias son notorios entre los vitorianos». Era pues un castizo vitoriano el padre de Isaac Albéniz, y la semejanza física de ambos puede apreciarse por los retratos que publicamos, en la redondez del rostro, la frente, la calidad del cabello y los ojos burlones y realmente chispeantes, que nos dan expresión análoga del carácter de uno y otro, que conocemos tenían semejanzas también.
         D. Ángel Albéniz era en 1860 administrador de la Aduana del pueblecito de Camprodón en la provincia de Gerona, y allí nació Isaac hacia primeros de junio de aquel año; todo ello según se hace constar, como otros datos de que nos serviremos, en la «Vida de Albéniz» por Antonio de las Heras, publicada por las Ediciones Patria de Madrid y Barcelona en 1940. Y coinciden con los que se dan en la reseña del concierto dicho, en el «Anunciador Vitoriano» de 4 de mayo, en que se habla de Isaac como de «un joven de 20 años... gloria artística de que bien podemos enorgullecemos los vitorianos», añadiendo que «vió la luz del día el joven Isaac en Camprodón, por haber obligado a su madre asuntos de familia a ausentarse de la capital de Álava pocos días antes del alumbramiento. Bien podemos por tanto considerarle como hijo de la Virgen Blanca, máxime cuando el corazón del señor Alvéniz (sic) siente irresistible afecto hacia esta hermosa ciudad». Sin embargo y aunque Isaac Albéniz fuera concebido en Vitoria, nos induce a pensar que su madre (de la que carecemos de noticias más precisas) pudiera ser catalana, el que en la biografía por el señor Las Meras (págs. 50 y 51) al hablar de la religiosidad del ilustre músico, dice: «No en balde es un español y su padre ha nacido en la católica Vitoria y sus abuelos se han batido en la guerra santa de la independencia española durante la francesada», a lo que añade a continuación: «Está siempre muy orgulloso de su abuelo don Pascual, mayor de la plaza de Gerona, que fue condecorado por su heroico comportamiento.» Lo que hace sospechar que Isaac Albéniz tuviera ascendencia catalana por su lado materno. Y recuerdo que al ser presentado yo a una hija de Isaac Albéniz en Barcelona y recordarle sus orígenes alaveses, ella me dijo: «Mi padre era catalán»; lo cual era también cierto y estaba de acuerdo con la opinión general y con el espíritu que dominaba en Cataluña hacia 1930.



D. Ángel Albéniz, padre de Isaac, según fotografía
incluída en sus «Glosas Babazorras» de 1890.


         Algunos meses después del nacimiento de Isaac, su padre es destinado a Barcelona, donde fomenta las aptitudes musicales de su hijo, el cual a sus 6 años va con su madre y hermana a París. En 1867 estudiaba en el Conservatorio de Madrid y hace una escapatoria, presumiendo, con sus 7 años de músico y compositor, a ciudades de Castilla y León y parece que hasta de Galicia y Valencia, de lo que he oído contar en el Circulo de Recreo de Valladolid, las dificultades que encontró para hacerse oír, aunque consiguió aplausos y dinero que le duró poco. Luego hace otra jira por Málaga, Granada y Cádiz, de la que su padre quiere hacerle volver por vía gubernativa, pero ello le impulsa a meterse como polizón en un barco que Ie lleva a Buenos Aires, de donde pasa a otros países de América y por fin a Cuba. Allí sin haberlo previsto, se encuentra a sus 13 años de edad, con su padre que había sido nombrado Interventor General de la Aduana de La Habana y que le dice que, pues sabe ya volar, no necesita de la ayuda paterna. Va a Estados Unidos y de allí a Inglaterra y Alemania, donde estudió en el Conservatorio de Leipzig y por falta de recursos vuelve a Madrid cuando aún tenía sólo 15 años. En Madrid está ya su padre, que tiene un hotelito en la Prosperidad, pero el biógrafo de Albéniz que hemos mencionado, indica también que D. Ángel se ha agriado de carácter «y tiene exigencias constantes que su hijo no puede soportar». Entonces es cuando el Conde de Morphy consigue de Alfonso XII una pensión para que estudie Isaac en el Conservatorio de Bruselas, desde donde inicia aventuras como la de otro viaje a América del Norte y otras amorosas y sentimentales; pero consigue la más alta distinción académica que allí se otorgaba, y seducido por la admiración que le inspira Liszt, le trata y sigue por Budapest, Weimar y Roma, hasta que en 1880 reanuda sus viajes artísticos por España y América.
         Este es el momento en que Albéniz da su mencionado concierto en el distinguido Gabinete de Lectura de Vitoria, e1 30 de abril de 1880, que fue seguido de otro el 3 de mayo, que terminó con una tanda de rigodones, en la misma sociedad; la cual anteriormente había entregado al músico un diploma de socio de mérito y una botonadura de oro. El Círculo Vitoriano, entidad más numerosa y popular y que entonces tenía sus salones, demasiado reducidos, en la casa que hoy es Banco de Vitoria, organizó el 9 de junio otro concierto de Albéniz, en cuyos intermedios «se sirvieron al bello sexo delicados sorbetes y otros diferentes helados» según el «Anunciador» del día 11; que también consigna que el Presidente de la Sociedad puso en manos del músico el diploma de socio de mérito de la misma. Y aún hubo de dar más conciertos en Vitoria, pues en los libros de actas del Círculo Vitoriano, encuentro la de la junta de 5 de enero de 1882, en que consta: «Se mandó librar a favor de D. Isaac Albéniz la cantidad de ciento cincuenta pesetas, en concepto de gratificación por el concierto que dio en los salones de este Círculo, la noche del dos del corriente». Y si la gratificación no parece hoy excesiva, hemos de considerar que para convertirla en moneda de ahora tendríamos que añadirle algo más que un cero; y que en las mismas actas, al hablarse de aquel músico de 22 años, «oriundo de la ciudad», se menciona también una «cadena de oro», con que el Círculo, relativamente próspero entonces, le obsequió. La música que interpretó Albéniz en esos conciertos de I880, fue la de Chopin, Wagner, Weber, Scarlatti, Rossini, Verdi... Y colaboraron en ellos con el pianista, el conocido flautista D. Esteban Díaz de Espada, el músico mayor del Batallón de Barbastro D. Cayetano Fernández que «tocó una Fantasía de requinto sobre motivos de aires nacionales», D. Nazario Mendiola y D. Manuel y D. Lorenzo Guridi, padre este último del también insigne músico, entonces aún no nacido, D. Jesús, proclamado en 1952 Hijo Predilecto de la Ciudad de Vitoria.
         Casa Albéniz en 1883 en Barcelona, donde jugaba sin éxito a la Bolsa; reside en el Pirineo catalán y en Madrid, triunfa definitivamente en toda Europa y tiene casas puestas en Londres y en París, donde es profesor de la Schola Cantorum y se erige en maestro del nacionalismo musical español. Sus últimos años los pasa en Niza, con viajes a Italia y París, y, tras enfermedad algo larga, muere en el pueblo vasco-francés de Cambo en 1909, o sea a los 49 años de edad.
         Su padre D. Ángel había vuelto a residir a Vitoria, tras de ausencia larga, según Velasco en 1890. De 1893 se conserva un documento en nuestra casa de Vitoria en que don Ángel, de su puño y letra se comprometía a pagar a nuestro padre ochocientas veintitrés pesetas y diez céntimos, importe de una letra girada por aquél y sin duda avalada por éste, en la vitoriana banca de Valle, a Londres contra su hijo Isaac, «más los intereses que devengare esta si por el señor Apraiz me fueran reclamados», de no satisfacerla antes su referido hijo; cuyo nombre me parece, de acuerdo con su biógrafo, que D. Ángel debía de explotar para obtener tales créditos incobrables con que atender a su vejez necesitada, que no sé, por lo demás cuándo terminó. Pero hasta sospecho que ese modo de ser de su padre, mal adaptado a las rigurosas exigencias de la vida, que no podría satisfacer el hijo que también había heredado mucho de tal carácter, debió de influir para que Isaac Albéniz no volviera a sentirse más atraído hacia Vitoria a sus 30 o 40 años de edad. Así, lo que era la causa de su vitorianismo, la fuerza indudable del «jus sanguinis» que en castellano se ha llamada por el príncipe de la lengua «la fuerza de la sangre», debió de ser causa también de que ese vitorianismo no se manifestara más constante, claro y eficaz.

VIDA VASCA, el 1 de enero de 1944.







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